La playa como sistema


Las playas pueden simbolizar un borde natural, entre la fuerza, la grandeza y sensación de amenaza del océano, versus la seguridad, la conexión y bondad natural que significa la tierra firme para los mamíferos. Caminar por una playa solitaria, es para mi, como caminar al borde de un precipicio, sin los peligros que este puede presentar.

Sin embargo, ¿qué es una playa? Cuando niño, para mí las playas eran las costas de Nagua, de Río San Juan, la playa de Sosúa o Cabarete, y entendía que la playa era el espacio entre el agua y sus olas, y el bosque detrás donde habían “matas” de coco y arbustos pequeños. Para mí, era el espacio de arena.

Pero la playa es mucho más que eso, es un sistema como todo en la naturaleza, donde un elemento existe por la actuación e interacción con otros elementos. En ocasiones los elementos son evidentes, otras veces necesitan de observación cuidadosa y sensibilidad para determinarlos.

A continuación trataremos de presentar un esquema fácil de encontrar de una playa, pero resaltamos que no es el único esquema encontrado.

La playa está formada por una disposición de sedimento no consolidados (la arena), de diámetro y tamaños variados. Estos sedimentos pueden tener dos orígenes: ser procedente de las rocas (lítica) o de restos de moluscos, conchas, caracoles y corales (biológicos). La predominancia de un tipo u otro, determina características de la arena, como por ejemplo, su color. El golpeteo de las olas, reduce la arena a pequeños granos que también se pulen al rodar y frotarse entre ellos.

La disposición de arena debe ser mayor que la pérdida natural, y he aquí donde se introduce la variable del equilibrio, pues para que la arena se mantenga sobre la superficie se deben dar los algunos factores. Por ejemplo, debe existir una superficie que permita la disposición de arena con condiciones favorables, como son una pendiente adecuada y cierta porosidad de la roca subyacente. También, puede o no existir una barrera de corales que reducirá la fuerza de embestidas de las olas, reduciendo la erosión y la consecuente pérdida de arena. Esta barrera necesita años para su formación.

Hacia la tierra, se presenta la existencia de una duna con vegetación precisa que funciona como fijador de la arena, limitando su pérdida y manteniendo el equilibrio.

La inserción de nuevas variables a esta ecuación de aspecto sencilla puede producir la alteración de la playa hasta incluso su desaparición. La destrucción de la duna, por medio de construcciones humanas o la deforestación de la vegetación de la duna, hace que se pierda la relativa estabilidad del material. Esta duna es de una alta fragilidad y alto impacto humano, la “limpieza” de lo que se considera muchas veces “hierva mala” que “afea” la playa, puede llevarla a su destrucción.

De igual manera, la destrucción de una laguna litoral o de una zona de manglares detrás de la zona de arena, que cumpla la  función de la duna, en mantener un equilibrio produce también una inestabilidad que generará la alteración de la playa hasta su posible desaparición. Así mismo, la destrucción de la barrera de coral, incrementará la fuerza del oleaje y generará pérdida de cantidades de arena mayor que la cantidad de disposición. La sucesiva desaparición de la arena, pueden producir que aparezca la superficie de disposición, conocida como Beachrock, o roca de playa.

Las playas son un sistema dinámico y vivo, que no se limita al área de quiebre de las olas, ni al de la arena donde pasamos el rato. La playa es desde la barrera de coral, hasta la duna. El equilibrio de estos elementos permite que exista el área de arena. Se rompe este equilibrio y corremos el riesgo de que desaparezca.

Cuando estamos sentados en arena, enfrentando el horizonte, debemos aprender a ver hacia el mar donde a algunas decenas de metro, las olas rompen con la barrera de coral, y girar la cabeza y ver hacia la tierra, donde la duna y su vegetación, retiene la arena generando una transición hacia otro sistema. Y cuando caminemos en una playa solitaria, pensando en nuestros sueños o recordando con nostalgia, nos veremos caminando al borde de un precipicio donde la caída puede presentarse en forma de un chapuzón.

Ariosto Montisano

Ariosto Montisano

Master en Sostenibilidad. Arquitecto interesado en la sostenibilidad del medio ambiente. Realiza una Maestría en Sostenibilidad y Post Grado en Arquitectura Tropical en Barcelona. Ha trabajado en la Oficina de Patrimonio Arquitectónico de Catalunya, en el Laboratorio Virtual de la Ciudad de la UPC. Forma parte del Departamento de Planeación y Proyectos del Ministerio de Turismo de la República Dominicana como diseñador y encargado de gestión de proyectos de infraestructura y planeación en áreas como Bayahibe, La Vega y Pedernales. También es docente en la PUCMM de Santo Domingo. Cuando niño quería ser parte del equipo de Capitán Planeta y salvar al mundo de la contaminación.

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